La única salida...son los concursos
viernes, enero 20, 2012
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Dentro de unos años, el Ensanche de Vallecas provocará en los
estudiosos de la 'burbuja' inmobiliaria una reflexión 'bipolar' en torno
al desarrollismo descontrolado promovido por las fuerzas locales, por
un lado, y la experimentación en el campo arquitectura residencial, por
otro. Es decir, al fenómeno que combina que las viviendas que debían
haberse construido en 30 años se levantaron en cosa de una década y,
gracias a (o por culpa de) esa barbaridad, una generación de arquitectos
forzó su madurez profesional y puso allí en juego su creatividad y su
carrera profesional.
El edificio de 64 viviendas de la pareja Rueda y
Pizarro vivió de pleno ese momento y representa con fidelidad los
avatares de ese desarrollo urbanístico de Madrid. El estudio ganó el
concurso en 2005 y desde entonces "pasó de todo", reconoce María José
Pizarro. Le dieron la vuelta al diseño, la obra estuvo parada casi dos
años cuando la crisis golpeó a la constructora, y hoy, lo que hace siete
años lo que era un solar sin referentes se ha convertido en un inmenso
desarrollo medio construido y medio poblado, cuyos habitantes tendrán
que esperar media hipoteca para poder hablar de él como 'mi barrio'.
El punto de partida, abstracto, sin referentes
estéticos más allá de la imaginación, es un factor común a todos los
arquitectos que han alimentado ese muestrario tan heterogéneo que es el
PAU de Vallecas. "Al no tener dónde agarrarte sólo puedes manejar dos o
tres parámetros. Para nosotros, el más importante era la orientación",
explica Pizarro. "Nuestra principal preocupación fue ganar la mayor
superficie posible de fachada sur".
Y la coherencia estética y en el volumen, frente a
la "perversidad del planeamiento", ya que el proyecto tenía el
inconveniente de ser sólo uno de los cuatro edificios de una manzana
donde cada promotor podía interpretar -y así ha sido- la normativa como
le viniese en gana. "De ahí que buscásemos, ante todo, una continuidad
de fachada y una volumetría unitaria", explica Pizarro.
Por eso, para ellos la forma peculiar del edificio condicionada por los retranqueos de 45%
en las plantas baja y superior, y el 'vaciado' central entre los dos
bloques, "no es caprichosa", asegura Rueda. Responde, por un lado, a esa
persecución del sur al que están orientadas dan las ventanas de mayor
tamaño, las que iluminan los salones y las zonas de estar. Y, por otro,
como solución a la normativa municipal, que exigía recortar la esquina
del edificio. "Nos permitió evitar el mordisco del chaflán y mantener la
unidad estética del bloque".
Y arriba igual, la fachada inclinada de los áticos
remata esa imagen sólida y uniforme del edificio, que sortea una
normativa que obligaba a comerse una porción de espacio para crear
áticos con terraza.
Aislamiento exterior
Otra de las características singulares del edificio es el acabado exterior. Al tacto, la fachada del edificio es como una corteza de un árbol,
pues desprende un sonido hueco. De dentro hacia afuera, la epidermis
del edificio cuenta tres capas que, por dentro, quedan clavadas a la
pared de ladrillo gracias a una malla de refuerzo, de plastico, muy
rígida. "Sobre esa malla, que queda clavada a la pared, se empiezan a
dar los morteros", dice Pizarro. La primera capa, explica, es un cemento
hidrófugo, es decir, un mortero gris oscuro que repele el agua e
impermeabiliza el edificio; la capa intermedia de mortero sirve de
transición y de pegamento con la capa superficial, el reboco, "compuesto
por una capa muy fina de cemento cuyos acabados se obtienen mediante
lijadoras", concluye.
"Es una fórmula que se usa mucho en rehabilitación, especialmente en Europa central, pues evita quitar metros de habitabilidad, no tienes que desalojar a los habitantes, es már rápida y los acabados son muy buenos", afirma Pizarro.
Qué hacer durante y después de la crisis
El parón constructivo ha llevado a la pareja a
cerrar temporalmente el estudio que mantenían que, por otro lado, nunca
alcanzó un tamaño desorbitado. "Llegamos a un punto en el que mantener
el estudio era sinónimo de tirar el dinero". Su actividad es, por el
momento, únicamente docente, "en situación de espera", investigando y
rematando proyectos, como una escuela infantil en Leganés.
"Nosotros somos jóvenes a medias, pero para los
arquitectos que arrancan, la única salida posible está en la
Administración, porque en el sector privado les será imposible", afirma
Rueda.(José F.Leal. elmundo.es)
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